Sunday, July 18, 2010

La agonía de Cuba

La agonía de Cuba
Pablo A. Fernández Sánchez | Actualizado 18.07.2010 - 01:00

AUNQUE Cuba no fue nuestra última colonia perdida, nos comportamos con
ella como si fuera el último paraíso del que dispusimos. Por ello,
nuestra sensibilidad con la isla está mucho más a flor de piel que la de
nuestros convecinos y aliados. Para España constituye una prioridad,
aunque no sea estratégica. Ello justifica el enorme interés que suscitan
sus asuntos.

La mayoría de los españoles, pues, tienen sus propias convicciones sobre
el régimen político cubano y la manera de encarar sus problemas.

Ahora bien, habría que desprenderse de todo elemento emocional y
analizar este tema con los límites que establecen las relaciones
internacionales.

El actual régimen hunde sus raíces en una época muy concreta de la
historia. La Asamblea General debatía el proceso de autodeterminación de
los pueblos y la política internacional se asentaba sobre un mundo dual:
este/oeste, norte/sur, opulentos/hambrientos… Y aquellos países
periféricos y pequeños tenían sus necesidades de adscripción a ese mundo
bipolar. España fue un ejemplo claro. Y Cuba, también.

Las conquistas económicas y políticas para España fueron evidentes, pero
para Cuba, también. A Cuba no le tocaba ser España en el Caribe, sino
Guatemala u Honduras. Y durante décadas, el pueblo cubano no conoció
niños descalzos o pedigüeños como los pueblos guatemaltecos u
hondureños. Los pediatras y odontólogos cubanos se exportaban a medio
mundo y se ofrecían solidariamente para aliviar el sufrimiento de los
pueblos que disfrutaban de las libertades democráticas (generalmente
limitadas a elecciones periódicas fraudulentas, corrupción generalizada,
etc.) pero que no alimentaban o curaban a sus poblaciones.

Ahora bien, dicho todo esto, el régimen castrista no ha sido capaz de
adaptarse a las nuevas exigencias de la historia. Ya no es tiempo de
bipolaridad ni de posicionamientos ideológicos. Los dirigentes tienen
que saber que sus responsabilidades consisten en ofrecer bienes
políticos a sus ciudadanos. Y esos bienes políticos, en Cuba, ya no se
cumplen con calzado, leche o asistencia sanitaria gratuita. Los cubanos
reclaman su incorporación a la historia. Tienen derecho a un sistema que
les permitan expresarse libremente, viajar libremente, autoexcluirse en
libertad, elegir su futuro sin interferencias ideológicas, en definitiva
ser libres incluso para equivocarse.

Hay tres grandes líneas a la hora de afrontar el asunto cubano, desde la
perspectiva de las relaciones internacionales. La línea dura, que exige
todo tipo de ruptura con el régimen, aislándolo política y
económicamente. La línea blanda, que es exigente con el respeto de los
derechos humanos, al mismo tiempo que mantiene relaciones de cooperación
para aminorar los efectos sobre la población. La inacción, que es poco
eficaz e inoperativa.

Estados Unidos ha seguido siempre la primera línea. España y Europa se
han posicionado tanto con la primera como con la segunda, e incluso la
tercera, sobre todo en función del Gobierno español de turno, que es
quien en este marco suele proponer. La situación actual mantiene una
Posición Común de la Unión Europea, de1996, que pretende una transición
política pacífica y una promoción de los derechos humanos, especialmente
la libertad de expresión. La situación mejoró a comienzos de los 2000 y
la UE incluso abrió Delegación en la Isla y se incorporó a Cuba en el
marco de la cooperación europea.

Sin embargo, en 2003, la Unión Europea, por iniciativa del entonces
presidente Aznar, se empleó a fondo para sancionar diplomática y
políticamente a Cuba, a raíz del encarcelamiento masivo de dirigentes de
la oposición y de la ejecución de varios cubanos que intentaron escapar
de Cuba hacia Miami. Estas medidas punitivas tampoco han dado resultados.

Después vino el gobierno de Rodríguez Zapatero, que ha partido de la
conciencia de que el régimen tiene que hacer una transición pacífica,
sin bajar la guardia en la presión crítica hacia el gobierno cubano y
tratando de aliviar las consecuencias económicas que la cerrazón del
régimen impone a la población, tratando de promocionar la ayuda de la
Unión Europea a Cuba, la protección de los derechos humanos y
facilitando una salida digna al régimen, ayudando por ejemplo, con el
acogimiento de disidentes excarcelados o con cooperación significativa.

Siempre cabe volver a repetir las otras alternativas, como endurecer las
relaciones, aislar al régimen, restringir la ayuda, etc., pero se han
demostrado ineficaces. Hay que ser realistas y mantener los últimos
planteamientos, a la espera de que los dirigentes cubanos sean capaces
de desprenderse de sus apriorismos y produzcan los cambios sustanciales
que Cuba merece.

http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/750214/la/agonia/cuba.html

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