De la cárcel "de excrementos" a la esclavitud del "limbo jurídico"
Del alivio por abandono de las cárceles castristas, a la incertidumbre
ante el futuro en España. Los disidentes desterrados no olvidarán el
calvario vivido entre las rejas, pero manifiestan su pesimismo ante la
situación en nuestro país: "Estamos en un limbo jurídico", alertan, "no
somos libres".
2010-07-15
BÁRBARA AYUSO
Sólo Ricardo González, Jose Luis García Paneque, Omar Rodríguez, Pablo
Pacheco, Léster González y Julio Gálvez son conscientes de cuánto ha
mejorado su situación desde hace 72 horas, cuando aún malvivían en una
cárcel cubana. Pero el infierno no acaba con un techo bajo el que
refugiarse lejos de la isla, y poder abrazar a sus familias. La
incertidumbre del futuro que les espera de ahora en adelante nubla
cualquier optimismo.
Así lo han manifestado este jueves en Madrid en una rueda de prensa seis
de los siete disidentes, declaraciones que han sido un cruento
testimonio de la realidad en las prisiones castristas, un cautiverio de
auténtica pesadilla. Los motivos políticos por los que fueron
encarcelados fueron equiparados con cualquier delito de sangre, lo que
les obligó a compartir durante siete años celda con los presos comunes
"más peligrosos", según narraba el periodista Ricardo González.
Explica que como presos de la "Primavera Negra" sufrieron una primera
etapa de "mayor rigor" en el que la maquinaria represiva castrista se
cebó con ellos, imponiéndole condiciones peores que las de los
delincuentes comunes. Un precio demasiado alto por decir lo que
pensaban. "A ellos les dejaban tener visitas de sus familiares cada dos
o tres meses, y a nosotros cada cinco, y además no permitían que nos
trajeran alimentos" recordaba González. Fueron ubicados en las prisiones
más lejanas de sus ciudades, y con suerte, tenían una visita conyugal
"como mucho, dos veces al año". El hacinamiento, hacer sus necesidades
en un hueco, o vivir en cúbiculos de menos de dos metros sin luz, ha
sido la realidad cotidiana durante demasiados años.
"Muchos enfermamos físicamente" afirmaba José Luis Paneque, que acarrea
severas secuelas físicas: "Sabañones, y 40 kilos menos", entre otras
muchas. "Las situaciones de higiene, de salud, de toda índole no eran
pésimas, eran más que pésimas" decía González, que remató: "Nosotros
convivíamos con ratas, con cucarachas, con alacranes, y les voy a hablar
claro como habla una persona cuando tiene que decir la verdad: con la
mierda señoras, con el excremento". Un escenario dantesco: "Kafka no
habría escrito algo peor".
Ante esta situación, su gratitud rebasa cualquier límite: "Se lo
agradecemos a las organizaciones que han luchado por nosotros, a las
Damas de Blanco, a los disidentes, y al apoyo de la prensa, que quiero
dejar claro aquí", decía un emocionado González. Han querido evidenciar
que este final del que ahora disfrutan: "Es una lucha que comienza con
la muerte de Zapata, continúa con la huelga heroica de Guillermo, y con
la labor constante de las Damas de Blanco y las ONG".
Cuando las ratas dejan paso a la incertidumbre
No obstante, la gratitud también tiene límites y no justifica todo. Que
las condiciones de estos disidentes hayan mejorado sobremanera no les
nubla la visión de su futuro. ¿Qué ocurrirá ahora?, se preguntan. Una
vez desterrados en España, y hospedados en un hostal con "dudosas"
condiciones, todos quieren tener claro bajo qué premisas se sostiene su
asilo.
Julio César Gálvez considera que están condenados a "un limbo jurídico"
porque según ha dicho "el ministerio del Interior no tiene nada decidido
para nosotros... No somos libres, tampoco somos inmigrantes, ¿somos
refugiados?". Jose Luis Paneque consideró que solo saben que "la
solución se demorará un tiempo" porque para lograr el estatus de
refugiado no solo hay que presentar la documentación, hay que esperar la
decisión" por lo que "no podemos decir que hemos sido aceptados como
refugiados, pero tampoco rechazados".
Sin ningún papel que acredite que ya no volverán a prisión, su
indefensión se torna más que comprensible. La única certeza que manejan
es la de la dictadura cubana: "ha expresado categóricamente" que no
podrán volver a su patria, "sin un permiso para regresar a ella,
entonces es que no somos libres", insistió Gálvez. Todos convinieron en
que el sentimiento de libertad en nuestro país aún se antoja lejano.
Porque este éxito de la liberación es fácil que se torne en fracaso: "El
fin del camino es que regresemos a Cuba sin riesgo a ser encarcelados, y
la democracia. Si no, no habremos ganado nada" subrayaba González. ¿Su
principal lucha?: "Que quien se quede en Cuba sea libre de verdad".
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