2008-04-17.
Pedro Alvarez
Despilfarrador de palabras pudieran llamarlo, al blogero de hoy con
necesidad de expresión. Que no depara en decir lo que piensa y no es
para mal que escriba, que hable pero ¿cómo está de escuchar? La fuerza
de la palabra debe usarse con inteligencia, pero más desprendida de un
interés propio.
La dependencia inversamente proporcional de una cosa a otra es tal vez
la cualidad más indeseada por un colectivo si este pudiera tener un
verdadero sentimiento común. Pues la voluntad de un individuo, o de
varios de ellos, da al traste con cualquier intento de mantener
mancomunada una idea o pensamiento.
Como resultado de su reacción adversa, que solo pudiéramos especular en
si es envidia, poca autoestima, falta de empatía, autosuficiencia o
megalomanía, vuelca la fuerza de sus letras en un ataque desgarrador.
Muchas veces sin foco directo; en todas direcciones y coordenadas,
elevando la inocencia y pureza de sus pasos que a su parecer son los
únicos posibles.
El conde blogero puede ser un ejemplo de esta simbiosis de productos, o
cruce de los deseos de plasmar sus pensamientos con la pasión
desenfrenada de amarse a sí mismo por encima de todas las cosas.
Desembocando en la forma de querer llevar las palabras al extremo para
convertirse en el que más, el que más lo hace, el que más…
Ciertamente, en directa contraposición con el criterio que pudiera ser
aplicado en su lugar; hacer lo mejor en una cosa, desprendidamente y no
siempre estar mirando volumen o tamaño. Esto le resulta difícil a pesar
de su talento.
Al autoproclamarse gurú en el espacio de su mismo contexto, ha dejado
pocos marginales al criterio externo de buena crítica o alabanza.
Incluso llevando al aislamiento y temor de sus circundantes a compartir
con él.
Volviendo a la proporcionalidad y matemáticamente haciendo una prueba
con esa lógica, pudiéramos explicarnos por qué no funcionan muchas cosas
contándonos todos. Al ser la dependencia inversa solo podemos colocarla
en el denominador del miembro de la sumatoria general.
Ese miembro como tal pierde en importancia con el tiempo, pues tomando
el límite de la sucesión cuando el mismo va al infinito, no será difícil
deducir que el elemento tenderá a cero pensando en el futuro. Sin
embargo, en el hoy por hoy, con sus esporádicos ataques de rabia,
ejercita este don práctico convirtiéndose en un potente amigo enemigo.
Tengamos la esperanza en que no se convierta en el mínimo común
denominador, lo que pudiera poner en peligro muchas cosas ya que por el
contrario de lo que pudiéramos pensar no es conde como cree él mismo; se
esconde, sale y …
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=14919
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