Saturday, December 09, 2006

Un testimonio excepcional

CULTURA
Un testimonio excepcional

Miguel Iturria Savón

LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org) - Acabo de leer un libro
de gran valor testimonial, "Cómo llegó la noche" (Tusquets, Barcelona,
marzo 2004), XIV Premio Comillas de biografía, autobiografía y memorias.
Su autor es Huber Matos, uno de los comandantes más carismáticos de la
revolución cubana, quien cayó en desgracia al enfrentar la orientación
comunista que los hermanos Castro le imprimieron a la nación.

La amplia trayectoria guerrillera, y el hecho de haber cumplido veinte
años de cárcel en condiciones extremas, convirtieron a Matos en un
testigo excepcional para reconstruir uno de los acontecimientos más
controvertidos y mitificados del siglo XX.

"Cómo llegó la noche" es una obra conmovedora y vital que se lee como si
fuera una novela histórica. El libro está estructurada en dos partes. En
la primera, el autor describe en capítulos breves y precisos su labor
como opositor al régimen de Fulgencio Batista, el exilio en Costa Rica,
la incorporación a la lucha guerrillera en la Sierra Maestra y las
numerosas acciones combativas en las que participó, incluida la toma de
Santiago de Cuba, la entrada a La Habana y su quehacer como gobernador
de la provincia de Camaguey hasta octubre de 1959.

En la segunda parte de la obra, Huber Matos relata sus encuentros y
desavenencias con los hermanos Castro, lo que determinó la presentación
de su renuncia, la cual sirvió de pretexto para su injusta y larga
condena que sufrió, etapa que representó una experiencia extrema y un
reto a su integridad física y psicológica.

Describe las cárceles, las huelgas de hambre, las golpizas, los
interrogatorios y otras humillaciones que soportó con serenidad.

Las memorias de Huber Matos constituyen un testimonio pleno de vitalidad
que arroja luz sobre las sombras del periodo revolucionario. El autor se
sujeta a los hechos. La pasión no desborda su prosa. Logra el
distanciamiento y el equilibrio. Hay agudezas en sus observaciones.
Evita la distorsión sin evadir la censura y el compromiso con la
tragedia que le toco vivir. Tal postura obliga al lector a sacar
conclusiones propias y a percatarse del temple moral de Huber Matos y de
la miseria humana de quienes desviaron el curso de la historia insular
para conservar el poder a toda costa.

La introspección es un recurso esencial de este testimonio. Sirve de
enlace entre el narrador y los sucesos expuestos. Favorece el análisis
de los propios sentimientos encontrados. El autor nos compromete con su
relato y su habilidad literaria. A veces acude a ironías y alusiones
para reflejar una realidad que lo desborda y lo supera sin llegar a
someterlo. Como hombre que cree en la democracia se ajusta sin
grandilocuencia a los principios éticos y humanitarios negados por la
praxis revolucionaria.

La elocuencia de estas páginas recrea con dinamismo la atmósfera de
tensión social que marcó la vida de hombres de diversos credos. Tal vez
por ello transitan tantos nombres a lo largo del texto, que nos remiten
a sucesos puntuales, pequeñas tragedias, evocaciones familiares y
acontecimientos insólitos.

De gran interés resultan los retratos que hace de figuras históricas que
aún rigen los destinos del país. A Fidel Castro, por ejemplo, lo
califica como "un hombre inteligente, audaz y raro que me aleja del
frente y me sitúa en la retaguardia junto a él, después de un
encontronazo personal donde quedó claro que no aceptaba insultos.
Presumo que quiere conocerme de cerca, saber si tengo aristas
vulnerables y, seguramente, le interesa convertirme en uno de sus fieles
seguidores" (página 129). Agrega Matos: " Fidel es tan ajeno a mis
pensamientos como yo a los laberintos de su compleja personalidad" (p.
200). Censura, además, "su retórica populista para engañar al pueblo, su
inclinación totalitaria y el afán por ejercer el poder como un cheque en
blanco, sin fecha de vencimiento".

Sobre Raúl Castro advierte: "Detrás de la cordialidad, Raúl da la
impresión de que oculta algo. Se percibe la presencia de otro Raúl, un
individuo al que hay que ir conociendo paso a paso. Hay algo de ambiguo
en su persona. Posee una capacidad notable para relacionarse, aunque no
convence. Me hace recordar las monedas falsas. Parece tener más de un
rostro" (p. 221).

Refiere Matos uno de sus encuentros con Ernesto Guevara: "El Ché es un
comandante valiente, castigado por un asma tenaz" (132). Y agrega: "A él
parece interesarle más la problemática social que la política, o aquella
como instrumento consustancial de esta. Parece un hombre inteligente,
con una buena dosis de espíritu aventurero. Me es fácil ubicarlo como un
hombre de extrema izquierda, ávido de realizar proezas".

Pudiéramos seguir con los retratos de Huber Matos sobre Camilo
Cienfuegos, Celia Sánchez, Vilma Espín, Juan Almeida, Guillermo García y
otras figuras cimeras, pero no es el propósito de esta reseña. Es
preferible que el lector lea y disfrute esta obra esencial, en cuyas
páginas entenderá los avatares ocultos de una guerra, y un período
social que impuso a la nación el odio y la simulación.

http://www.cubanet.org/CNews/y06/dec06/08a6.htm

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