Monday, December 11, 2006

La opcion socialcristiana: la mejor para Cuba

La opción socialcristiana: la mejor para Cuba
2006-12-10
Por Yaxys Dallan Cires Dib.

Los artículos que se publican en esta sección no representan
necesariamente los puntos de vista de la Cuba Nuestra.
La redacción

La no aparición del homenajeado ha sido interpretada como evidencia de
que su salud no anda bien y que no volverá al poder. Se confirma el
inicio de una nueva era para Cuba, la era post-Castro o "raulista", y
con ello nos enfrentamos a nuevos tiempos sobre los cuales podemos
asegurar o predecir poco. A pesar de ello, muchos expertos se han
aventurado a plantear sus tesis; hablan de diferentes posibles
escenarios políticos, pero como todo lo que tiene que ver con la isla,
por la escasez de información veraz sobre lo que en el entramado de
poder sucede, la mayoría de los análisis se convierten en puras
elucubraciones. Sin embargo, fuera del complejo mundo de los analistas
hay una realidad: muchos cubanos desean algo nuevo para sus vidas, que
les haga más personas, que respete sus derechos y que les quite el
hambre, sí, el hambre. Se necesita y se desea un cambio para bien. De
eso sí hay certeza, a pesar de que muchos que no conocen el sistema
comunista digan que si de verdad los cubanos deseáramos algo distinto ya
nos habríamos revelado por la fuerza -expresión que demuestra un
desconocimiento de la naturaleza y funcionamiento del sistema totalitario.

Después de más de cuarenta y cinco años bajo el poder del régimen
castrista, se puede hacer un balance que presenta resultados más
negativos que positivos, entre otras cosas por la situación de irrespeto
de los derechos humanos, la precariedad de las condiciones de vida de
los ciudadanos y por los cientos de miles de cubanos que han tenido que
abandonar su patria. Por otro lado, nos encontramos en un contexto
latinoamericano nada alentador, en el que la pobreza, la corrupción y el
neopopulismo siguen galopando por el subcontinente. También hemos visto
las graves crisis sociales originadas a raíz de la implantación de las
recomendaciones del Consenso de Washington, que si bien buscaron la
apertura económica en nuestros países, no estuvieron acompañadas de una
exigencia constante de modernización de los sistemas políticos ni de una
fiscalización de la retribución que sus resultados debían general en la
población. Los extremos han fracasado, por lo menos social y
antropológicamente. Por ello estamos obligados a pensar en un nuevo
camino para el futuro de nuestro país: un proyecto centrista humanista.

Un proyecto político de centro humanista inspirado en los valores
cristianos universales, y que le otorgue un papel importante a la
reconstrucción de la sociedad civil. Quizás la ausencia de éste durante
la primera mitad de nuestra república fue una de las causas de los lodos
que vinieron después.

La opción socialcristiana se ha ido consolidando en Cuba. Ha sido el
propio régimen comunista quien desde sus primeras andanzas post
revolucionarias –1959 en adelante- ha hecho fortalecerse este movimiento
en Cuba. La marginación y persecución a los cristianos, las
restricciones a la Iglesia, pero también y sobre todo, el proceso de
desmantelamiento de la identidad nacional, que fue permutada por el
sistema cultural soviético, también ha propiciado este encuentro del
cubano con la opción socialcristiana. Hoy día podemos observar un amplio
archipiélago socialcristiano o democratacristiano en el panorama
político y social de la isla y del exilio. Grupos, movimientos, centros,
publicaciones, que encarnan una diversidad y complejidad notables, pero
que en medio de esa policromía que es también toda la oposición,
representan los deseos de cambio para Cuba inspirados en los valores
cristianos. No se trata de impulsar la construcción de un estado
confesional o puritano con una sociedad civil que le sirva de satélite
natural, sino un estado moderno y laico de verdad y una sociedad civil
responsables; orden en el que primen valores como la justicia social, la
equidad, la libre iniciativa, la preocupación por los más pobres, la
subsidiaridad y el tan necesario perdón.

En una ocasión escuché decir a un sacerdote habanero que "al parecer los
cubanos no éramos tan católicos como se decía –antes del 59- ni somos
tan comunista como se dice". En ese sentido creo que después de este
proceso de despersonalización, el cubano medio ha emergido –sin hacer
apologías- como un hombre centrista, humanista y cristiano. Puede ser
que a pesar de la cantidad de estructuras de poder que hoy existen, de
incluso la amoralidad imperante, sea más viable un proyecto
socialcristiano dada la identificación de los ciudadanos con lo que ese
paradigma representaría. No quiero decir que seamos altamente
comprometidos y santos, pero nuestra inclinación es hacia esos valores y
no hacia los fundamentalismos, que además de repugnarnos nos dan miedo.
Tenemos más de Kant que de Hobbes.

El liderazgo democratacristiano de dentro y de fuera de Cuba debe tomar
consciencia del papel que está llamada a jugar como "concertación",
"frete", "plataforma" o "archipiélago". Liderazgo que podemos
identificar en las personas de Oswaldo Payá, Dagoberto Valdés, Marcelino
Miyares, Rafael León, Javier de Céspedes y muchos más. Algunos ya son
personas reconocidas incluso internacionalmente; todos han entregado
cada minuto de sus vidas a la lucha por la democracia en Cuba. Sin
embargo, el compromiso con un proyecto centrista cristiano como
alternativa para nuestra patria debe superar las desconfianzas e
individualismo que puedan existir y que de hecho existen. Se puede ser
muy entregado a una causa, pero si se es incapaz de dialogar y concertar
ello sería una imposibilidad tremenda para construir lo que se predica,
más en el caso cubano, donde la fuerza del estado respalda y respaldaría
en un eventual proceso electoral al Partido Comunista. Llegado el
momento de la verdad ¿podrán nuestros líderes asumir ese reto? Ya es
hora de ir trabajando en ello.

http://www.cubanuestra.nu/web/article.asp?artID=6253

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