Sunday, December 10, 2006

La libertad de prensa frente a la represión del gobierno cubano. Una experiencia personal.

POLITICA
La libertad de prensa frente a la represión del gobierno cubano. Una experiencia personal.

Pedro Aníbal Riera Escalante

LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org) - Cuba está abocada a un
proceso incierto. El retiro por enfermedad de Fidel Castro y una
indefinida dualidad de gobierno crean una situación de incertidumbre,
particularmente peligrosa para todos aquellos que disienten, se oponen
políticamente y ejercen el periodismo independiente.

Me permitiré tratar en este artículo sobre mi experiencia personal en mi
enfrentamiento de más de 13 años a la persecución y la represión del
gobierno cubano, y los nuevos peligros al comenzar el ejercicio del
periodismo independiente.

Corrían los primeros días de septiembre del 2000 y me encontraba en
México. Había salido ilegalmente de Cuba casi un año atrás y mis
gestiones para obtener una visa de refugiado para los Estados Unidos
habían fracasado. Mis antiguos adversarios no querían recibirme en su
país -durante 25 años había enfrentado las actividades de la CIA en
contra del gobierno cubano como oficial de la Inteligencia Cubana.

El 23 de octubre del año 1999 había evadido los sofisticados controles
represivos del gobierno cubano -pues tenía prohibición de salida por
haber sido oficial de la inteligencia y no ser confiable políticamente
para el régimen- y había salido por el propio Aeropuerto Internacional
José Martí. No había podido utilizar la visa FM-2 de inmigrante para
México no obstante estar casado entonces con una ciudadana mexicana y
tener derecho por las propias leyes cubanas.

Mi contacto en el aeropuerto me había esperado puntualmente, para
asegurarse de mi partida. Ya había introducido en la computadora el
nombre del pasaporte que yo portaría: un turista mexicano nombrado Pedro
Morales. Después de una tensión extrema al abordar el avión, y luego de
una hora de vuelo, entré en territorio mexicano, y respiré el aire de la
libertad. Dos horas después llegaría a Ciudad México, en un vuelo nacional.

Me encontraba de nuevo en la ciudad donde había pasado cinco años y
medio como Cónsul de Cuba.

Mi último viaje, en 1992, había sido en penosas circunstancias
-acompañando a mi esposa a someterse a un tratamiento para la leucemia.
Nuestra decisión de recibir el tratamiento en México ya había desatado
los mecanismos represivos del régimen. Inicialmente el Jefe de la
Inteligencia había negado mi permiso de salida, y sólo ante una
solicitud humanitaria del médico mexicano -y el peligro de una eventual
repercusión pública-, autorizaron mi salida. Más tarde, en medio de la
crisis de mi esposa -que culminó en su muerte- fui separado del Partido
y del Ministerio del Interior, bajo el pretexto de haber aceptado ayuda
de los cubanos residentes en México para los medicamentos que necesitaba
mi esposa, y más tarde su funeral y misa. Después de casi 25 años me
encontré en Cuba sin trabajo, sin profesión -la que tenía, oficial de
inteligencia, no era aplicable en la vida civil. Mi carrera Licenciado
en Ciencias Políticas tampoco me servía de mucho. Estaba desempleado,
sin casa, y perseguido por mi forma de pensar. En esas condiciones viví
hasta mi salida.

Un año después del vuelo que relato, en septiembre del 2000, me
encontraba en México sin documentación y buscado por la inteligencia
cubana. Durante algunos meses tuve la protección y apoyo del Gobierno de
los Estados Unidos, pero al denegarme ellos la visa me quedaba
desamparado. No encontré otra alternativa que solicitar asilo político
en México.

Me presenté ante el Subsecretario de Relaciones Exteriores, Carlos de
Icaza, y el éste me indicó a José Luis Valles, funcionario del Centro de
Información y Seguridad Nacional (Cisen). Con este último sostuve dos
entrevistas.

En la última entrevista fui secuestrado violentamente y en menos de doce
horas, bajo amenaza de uso de la fuerza y bajo custodia, fui obligado a
subir a un avión hacia Cuba.

El gobierno mexicano había informado al cubano, y habían preparado la
operación de mi secuestro. Había caído en una trampa.

En Cuba me esperaban 126 días en Villa Marista, bajo el sistema de
torturas psicológicas y amenazas, en una inmunda celda tapiada, tomando
unos escasos minutos de sol cada diez días, sin poder preparar mi
defensa, sin ver a un abogado -de todas maneras controlado por el
gobierno- hasta el día 125. Fui condenado a cinco años de prisión en un
juicio sin poderme defender, donde se me prohibió hablar de mi secuestro
y regreso forzoso.

Sin embargo poco imaginaban mis captores el poder de la prensa, el poder
de la verdad y de la solidaridad hacia el respeto de los derechos
humanos. Previendo un desenlace inesperado y negativo, en México había
sostenido varios encuentros con Roberto Céspedes del periódico Reforma y
con Tim Weiner y Julia Preston del New York Times.

El Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez hizo la primera
denuncia. Después le siguió José Luis Vivanco de Human Rights Watch, y
las declaraciones del Departamento de Estado y el Embajador de Estados
Unidos en México, Jeffrey Davidow.

Minutos antes de mi secuestro había tenido el segundo encuentro con Tim
Weiner y Julia Preston, del New York Times. Ellos sabían que iba a una
segunda entrevista con funcionarios mexicanos. Al despedirnos Julia me
preguntó: "¿Si le pasa algo, publicamos esta entrevista?" Asentí con un
leve movimiento y salí preocupado, junto al periodista cubano residente
en México Edelmiro Castellanos.

Estas entrevistas desataron una tremenda reacción en la prensa y opinión
pública mexicana y de los Estados Unidos. Se puso en evidencia que
funcionarios mexicanos habían mentido al decir que yo no había
solicitado asilo, que mi vida no estaba en peligro, y que no tenia
razones políticas para el asilo. Estaba claro que el gobierno mexicano
había violado la Convención de Refugiados de 1951, entre otras, y sus
propias leyes.

En el presente, vivimos mi actual esposa, Loyda Castilla González, y yo
bajo una vigilancia y persecución constante. Nos han dejado sin medios
de vida. Nuestro teléfono es interceptado. Presionan a nuestros
amistades para que no nos apoyen. Nos amenazan con detenerme en
cualquier momento y lugar -ya sufrí una detención de 12 horas, con el
resultado de una carta de advertencia y amenaza por presunto espionaje
para los Estados Unidos, que increíblemente todavía pretenden sustentar,
a pesar de la negativa de los Estados Unidos de aprobarme una visa de
refugiado estando en México y todavía en la actualidad, con una visa
solicitada desde 2004.

Es permanente la pretensión de estigmatizarme como traidor y delincuente
común, cuando en realidad lo que hice fue ejercer un legítimo derecho a
salir del país, ante una prohibición ilegal y una persecución y
hostigamiento constante y expresar mi manera de pensar contraria al
régimen cubano. Ningún país nos otorga visas para liberarnos de esta
persecución y el gobierno cubano no responde a nuestras solicitudes de
autorización de salida.

Ahora tendrán un nuevo motivo para encarcelarme: el haber iniciado mi
labor como periodista independiente. Mi demanda contra México, ante la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, fue publicada en
el Nuevo Herald, por Wilfredo Cancio. Mi primer artículo, publicado por
Cubanet, fue una exhortación al gobierno español, integrante de la Unión
Europea, a que busque la manera de influir sobre el gobierno cubano para
la liberación de los presos políticos.

Como todos estos años, confío en el poder de la prensa libre, de la
justicia y del buen sentido de todos aquellos hombres y mujeres de buena
voluntad que creen en la causa de la libertad, la democracia y los
derechos humanos, y expresan su solidaridad al pueblo cubano.

prieraesc@gmail.com

http://www.cubanet.org/CNews/y06/dec06/07a9.htm

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